sábado, 11 de septiembre de 2010

15. Sin que nadie se entere

La semana siguiente empezaron los exámenes finales y tambien los preparativos para el esperado baile de fin de curso. Todo el instituto se estaba volviendo loco, unos estresados por los exámenes, desesperados por la vagueza que tenían al estudiar y otros agobiados por no encontrar pareja para el fin del curso.
Nico y Ana irian juntos, Alejandro iría con ellos pero tambien con Raquel y Alex con Carlos. Tanto Alex como Alejandro no querían ir con esas parejas al baile, pero no les quedaba más remedio.
Desde hacía días Alejandro notaba a Alex más diferente de lo habitual, cierto era que ya no salían tanto juntos, pero se lo notaba en la expresión de la cara, en sus ojos, le preguntó qué era lo que le ocurría, pero ella le dijo que no era de su incumbencia, puesto que no podía decir nada a nadie.
Efectivamente Alex estaba preocupada, necesitaba ayuda, la ayuda de Alejandro...Quería enseñarle las cartas recibidas y sobre todo la última, en la cual, la persona que se las enviaba, se citaba con ella el próximo viernes, no tenía ni lugar ni hora, esa persona la llamaría y le indicaría desde el movil donde acudir. Había descubierto que había hablado con la policía sobre el tema. Estaba asustada, tenía miedo de no ir y que algo le pasara a su madre o a sus seres queridos... y al mismo tiempo tenía miedo de que algo malo le pasara a ella. Pero ¿Cómo hacer que Alejandro se enterara de todo sin que la otra persona se diera cuenta?. Estuvo pensando durante casi toda la tarde en ello, sabía que Alejandro estaba preocupado por ella y que aun sentía algo, igual que le pasaba a Alex.
Desde la primera hora de la tarde del viernes, Alex estaba preparada, lista para que su móvil sonara y le indicara a dónde ir.
Sobre las siete, Alex nerviosa, comenzó a andar de un lado para orto enfrente de su ventana, sin darse cuenta de que su vecino, la observaba desde hacía un rato a pesar de estar con su novia.
Estaba asustada, temblaba, no se lo había contado ni a él ni a Nacho...estaba sola, se sentía sola, pero debía ser así, para asegurar la seguridad de ambos y la de su madre.
De repente todo quedó en silencio, el sonido que entraba de la calle por la ventana quedó nulo, todo se concentró en el vibrante y en la melodía del móvil sobre el escritorio, se acercó y pudo leer en la pantalla “llamda oculta”, era él, el hombre que sabía lo que había descubierto, el hombre que la había amenazado, el hombre que sabía toda la verdad acerca de su padre. Finalmente, y con el corazón en la garganta, contestó al teléfono con un ligero temblor en la voz..
-¿Diga?
-Supongo que aún estás en casa, y que estarás sola ¿No es así?-La voz sonaba grave y ronca.
Alex emitió un sonido de afirmación.
-Bien, pues escucha tres o cuatro cosillas que tienes que saber y debes cumplir, recuerda que te voy a vigilar constantemente...




* * *





Alejandro llevaba días observando a su vecina, la notaba distraída de las clases, conversaciones con los amigos; nerviosa mirando a cada segundo el móvil y preocupada, miedosa.
Esa tarde estaba distinta, a pesar de estar con Raquel, de la cual se estaba cansando, no podía dejar de mirar por la ventana para ver cómo Alex no paraba de dar vueltas por su habitación, con cara asustada. Pronto vió como se paraba mirando a algo que estaba lejos de ella y se apartó de la ventana.
Raquel no paraba de hablar de ella y sus amigas, y de su realción con Carlos. Él hacía como si la escuchara afirmando con la cabeza y diciendo “aja”. Pasaron unos minutos y sólo veía la sombra de Alex de nuevo,paseando por la habitación. Finalmente vió cómo se acercaba a la ventana hablando por el móvil, cogía unos papeles, cerraba la ventana mirándolo con cara asustadiza y se iba.
Alejandro preocupado corrió hacia la puerta de la casa de Alex, dejando a Raquel tumbada en su cama, con la palabra en la boca. Ésta le siguió y le cogió del brazo en la entrada de la casa.
-¿Qué pasa contigo?
-¿Conmigo? ¿Qué pasa contigo? Desde que empezamos a salir no has parado de cotorrear de tus amigas, tus cosas e incluso del estúpido de tu ex. Y por fín he dado cuenta de que, me has separado de la chica a la que quiero por darle celos al imbecil ese, asi que por favor vete de mi casa. Me has utilizado para darle celos a ese chico y no quiero estar con una persona que va por ahí por conveniencia.
Sin perder más tiempo salió de su casa en busca de Alex. En cuanto estuvo fuera la vió salir dirigiéndole de nuevo aquella mirada asustadiza. No necesitaba que le dijera nada, con eso, se dio cuenta de que algo grave estaba ocurriendo, por ello decidió seguirla.



* * *

Alex seguía las instrucciones recibidas por el movil al pie de la letra, había pasado ya el parque, el instituto, las antiguas oficinas de su padre y una gran urbanización. De vez en cuando miraba hacia todas partes a ver si lograba identificar al que le daba las órdenes, pero no era capaz pasaba demasiada gente, normal en la calle de las tiendas de la ciudad, a quien veía muy atrás con el rabillo del ojo era a Alejandro que disimulaba hablar por telefono mientras la seguía.
Pronto el hombre le obligó a parar en seco en la puerta del Hotel AC, la chica obedeciendo entró en el gran vestíbulo, allí la chica colgó el teléfono, después de recibir las últimas ordenes. Tenía la recepción a la derecha, unos sillones negros al otro lado junto con teléfonos de pared y al fondo una cafetería-pastelería delante de un pequeño jardín interior. Fue hacia la cafetería pero justo cuando estaba delante de unas ancianas que tomaban café con pastas, se desvió hacia su derecha en direccion a los baños, pero no era allí a dónde se dirigía, Alex entró por la puerta de “PRIVADO”.
Bajó unas escaleras que dedució que les llevaría al sótano del hotel. La luz era cada vez más tenue conforme iba bajando. Llegó a una zona llena de tuberías, calefactores y contadores de luz, avanzó por el estrecho pasillo de tuberías y de repente calló al suelo por algo que le había golpeado la cabeza.






* * *


Alejandro había visto como Alex entraba en el hotel, pero al entrar no la vió por ningún sitio. Preguntó en Recepción, a las personas que hablaban por teléfono, a las que estaban sentadas si la habían visto. Sólo le quedaba la cafetería. Las ancianas observaron al chico con mucha atención y le vieron muy preocupado, por ello le llamaron.
-¿Estás buscando a una chica de pelo castaño, largo y medio rizado?- le preguntó una de ellas de cara entrañable, que llevaba un mini sombrero color pastel que hacía juego con su bolso.
-Así es, ¿Han visto hacia dónde se ha dirigido?
-Se dirigió al baño-le señaló la otra anciana de vestido azul- Tenía la cara muy pálida y se la veía asustada.
Alejandro corrió hacia los baños de las mujeres y paró en seco en frente de la puerta al ver que una chica salía del mismo. Miró para ambos lados para asegurarse de que nadie venía, y decidido entró en el baño. No había nadie. Absolutamente nadie, miró por todos los retretes del baño pero tampoco había nadie. Cuando salió del baño, no sabía hacía dónde ir, no la había visto salir del hotel y ni en Recepcion ni en los sillones la había visto dirigirse a los ascensores para subir a las habitacines. Se apoyó en la pared sin saber qué hacer, dió un golpe a ésta y al lado suya sonó una puerta cerrandose. “PRIVADO” leyó. >>El personal tendría que tener mucho cuidado, alguien podría ent...<< ó en seco, y mirando de nuevo a todos lados, entró.
Mientras había estado siguiendo a Alex, había llamado a la policía, y al nombrar a Alex, le habían pasado con el Oficial Machado que parecía al tanto de la situación de lo que le había ocurrido a la chica. Tenía que mantenerle informado de todo, por tanto en cuanto entró por aquella puerta lo llamó de nuevo.
Enviarían una brigada al hotel dirigida por Machado.
Alejandro no podía esperar a que la policía llegara, podía pasarle algo malo a Alex mientras esperaba, si no le habia pasado ya algo.
Bajó despacio por las escaleras para no hacer ruido, recorrió la mitad del estrecho pasillo de tuberías y en el suelo vió una pulsera de plata, la que él le había regalado a Alex, la cogió y siguió avanzando hasta llegar a una segunda puerta que estaba entreabierta.

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