Alex, que sabía lo que iba a pasar en unos segundos empezó a contar:
-Tres…dos…uno…ya.
En ese momento la puerta fue golpeada.
-Mamá no quiero hablar contigo.
-Pero hija…
-¡Qué no!
La madre se hizo la sorda con esas palabras y entró en la habitación.
Alejandro que, acababa de llegar a casa, vio por la ventana de su cuarto, que justamente daba al cuarto de Alex y observó como madre e hija discutían, probablemente del por qué de aquella ausencia en la cena.
-Mamá desde que papá murió, cada vez que preguntan por él, mientes poniendo cualquier excusa.
-Eso no es del todo cierto.
-¿Cómo que no? Desde su muerte, has dicho: que murió cuando era chica, se fue cuando nací, no sabes quien es, que está de viaje en el extranjero y ahora que cuando tenía siete años os separasteis. ¿Qué va a ser lo próximo? ¿Qué trabaja en China y nos envía los regalos de Navidad y cumpleaños por correo?
-Pero, compréndelo…lo hago para protegerte…
-¿Qué quieres que comprenda? ¿Que no quieres admitir que papá murió hace ya un año y tu sabes el por qué de ello? La que debería estar confusa aquí soy yo. Y ¿protegerme de qué? ¿De los comentarios de la gente, a quienes les doy pena por el hecho de que mi padre, supuestamente nunca está en casa? -Alex empezó a llorar- Por lo menos he sido capaz de admitir y superar durante este año que ha pasado que mi padre está muerto y que por mucho que lo eche de menos y lo recuerde todo el día no volverá nunca.- Alex bajó la cabeza a sus rodillas para que su madre no la viera llorar. Sin embargo, ella la cogió y le puso la cabeza sobre su hombro rodeándola con sus brazos y lloró con ella. Sin embargo, ella la cogió y le puso la cabeza sobre su hombro rodeándola con sus brazos, susurrándole al oído un <
Alejandro, observaba la escena, con emoción, felicidad y desconcierto del por qué de aquella pelea y ausencia en la cena, del por qué su vecina al ver la foto de su padre puso una cara llena de pena e inconsciencia sobre algo que le había ocurrido al cabeza de esa familia.
Pasaron unas semanas, y Alejandro había cogido algo de confianza con algunos chicos de la clase en especial con Nico. A pesar de llevar dos semanas en aquel colegio, Alex se fijó que Alejandro no salía aún por las tardes y lo observaba desde su ventana cada viernes leyendo, jugando al ordenador, hacer deberes, estudiar…y el sábado la misma rutina. Sus ojos reflejaban tristeza, porque a pesar de estar ocupado, veía como tumbado en la cama, sus ojos se sumergía en un mundo que para él era el mejor de todos y de vez en cuando fruncía el ceño y escribía algo en una libreta que mantenía al lado.
Eso mismo era lo que hacía esa tarde de sábado, mientras ella, se arreglaba un poco, pues sus amigos iban a ir a su casa porque Nico, les iba a explicar un poco matemáticas, porque de los tres era el único que se estaba enterando de lo que hacían. Cuando llamaron al timbre, se dio cuenta como Alejandro se levantaba de un brinco de la cama y se dirigía a la ventana a mirar la visita de su vecina.
Éste, dejó de pensar en su mundo fantástico en donde siempre reinaba el bien, y se puso a estudiar matemáticas para el examen del lunes. A pesar de que había recibido unas pocas de clases particulares en el recreo y después de clase con la profesora, seguía sin entender muchas. Y no había tenido mucho tiempo de estudiar, debido al castigo impuesto por el director.
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