miércoles, 9 de septiembre de 2009

8. La Casa de enfrente.

Al entrar en la casa, sintió más frío del que tenía en la calle. La casa era antigua y el unico calor procedía de una pequeña estufa enchufada en la entrada. A pesar de que la casa llevaba años desabitada, parecía recién construida. El suelo estaba nuevo al igual que las paredes, y al parecer habían puesto una red eléctrica nueva.
Alejandro la guió hasta la cocina la cual estaba un poco desordenada.
-Cómo se nota que estás solo en casa, podias limpiar un poquito,¿no? Que lo único que te falta es tener aquí tu ropa interior. ¡Ah! No, mira ahí tienes unos calzoncillos. ¡Jo! Cómo sois los tíos...
Alejandro fue corriendo a recoger su ropa interior, la guardó, y empezó a sacar la comida. Había pizzas, carne picada, pasta...Alejandro le hizo un gesto a Alex, para que eligiera.
-Elige tú, que para eso eres la invitada y ademas la que nos va hacer comer.
Alex lo miró con odio, y cogió la pasta y la carne picada junto con una de las pizzas.
Al cabo de un buen rato sobre la mesa del salón, Alejandro había puesto la mesa y Alex se acercaba a ésta, con un plato de macarrones boloñesa, en ese momento Alejandro se dio cuenta de que la pobre chica estaba temblando de frío, pues no se había cambiado de ropa después de entrar en la casa.
-Perdóname, no me había dado cuenta de que esabas tan mojada...-dijo acercándose a ella- no tengo ropa de chica, pero te prestaré algo de la mía.-En ese momento le tocó la cara.-Dios estás helada, y todo por mi culpa. Acompáñame.
Alejandro la llevó hasta su habitación, le dió una camiseta grande,larga y vieja de manga larga, bastante calentita, y la dejó sola para que se cambiara. Por fín Alex, estaba en aquella habitacion, aquella que veía desde la suya, donde veía casi todos los días a su vecino sumido en sus pensamientos escribiendo algo en una libreta.
Alex salió de la habitación y, cuando llegó al salón vio la mesa totalmente vacía, dirigió la vista hacia la chimenea, la cual estaba encendida, y vió una pequeña mesa improvisada, enfrente del ardiente y calentito fuego. Alejandro estaba terminando de colocar las cosas cuando la vió a ella, con el pelo aplastado y mas ondulado que de costumbre debido a la lluvia, pero a pesar del aspecto de su pelo, de su cara pálida por el frío y de llevar una de sus camisetas viejas la veía como la chica más guapa que había conocido en toda su vida.
A pesar de llevarse muy mal con el pobre chico, la velada estaba transcurriendo muy animada y divertida. Estuvieron hablando de muchas cosas, lo que planeaban estudiar, cotilleos sobre los otros amigos, Nico y Ana...en ese momento la cosa estaba bastante entretenida, hasta que Alejandro...
-¿Por qué te fuistes a tu habitación el día que cenamos con nuestros padres?
Alex se puso tensa y muy seria. ¿Por qué tenía que hacerle esa pregunta? ¿Por qué no se limitaba a creerse la mentira de su madre?
-¿A qué viene esa pregunta?
-Sólo por curiosidad...
-Pues mejor guardate tu curiosidad para tu estúpida libreta.
Alex se levantó bruscamente y se dirigió a la habitación de él para coger su ropa.
-¿Cómo sabes eso?-Dijo mientras la seguía
-Resulta muy divertido verte escribir en esa libreta desde mi ventana.
-¿Ahora eres detective? ¿O simplemente lo haces porque te gusto?-le aspetó mientras la paraba al salir de la casa.
-Más te gustaría a tí, guapo.
-Tienes razón, me gustaría bastante.
Alex se dió la vuelta bajo la lluvía y se quedaron los dos mirandose. En ese momento el tiempo pareció detenerse, Alejandro se acercaba a ella lentamente, hasta que la cogió de la barbilla para besarla. A Alex le entró miedo, al pensar que iba a ser otra de sus mentiras para hacerle quedar en ridículo de nuevo, asique apartó la cara, dejando que le besara la mejilla.
Después de esto se fue corriendo a su casa, quedando a Alejandro solo bajo la lluvia.
El resto de la tarde, Alex estuvo obsesionada con aquel beso. No podía quitarselo de la cabeza, en realidad, no se había parado a pensar por qué odiaba tanto a Alejandro. Se metería con ella pero, sin embargo se preocupaba tambien por como se sentía.
Por otro lado, Alejandro se ocupó de recoger la cocina, el salón y se tumbó en su cama, otra vez con la libreta, mirando de vez en cuando, a la ventana de su vecina, la cual estaba aun apagada. ¿Por qué no quería hablar de su padre?
Esa misma tarde,Alejandro fue a buscar a Alex para acudir a su castigo diario: limpiar el colegio pero nadie contestó en la casa y a la hora del castigo sólo estaba él. El chico miró la libreta donde tenían que firmar, Alex ya había estado allí, de hecho se acababa se ir según la secretaria. Sin embargo, si no estaba en el coelgio y tampoco en su casa ¿Dónde podría estar?
Al terminar a la hora siguiente, Alejandro decidió llamar a Nico, tal vez estaba con él y con Ana.
-¿Nico?
-¿Si?
-Soy Alejandro
-¡Ah!, sí, dime
-¿Está Alex contigo?
-Que vá, estamos sólo Ana y yo,¿Por qué?
Alejandro les explicó lo ocurrido, suprimiendo lo del beso, y el por qué de su llamada. Alejandro oyó cómo cuchicheaban entre ellos, hasta que finalmente.
-Vé a la calle Hernán Cortés número 15. Entra y mira a ver si está allí.
-Vale, pero...¿Qué es...?- En ese momento los dos amigos colgaron, quedándole con la palabra en la boca.

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